Mauricio Macri y sus timbreos invisibles

Política 17 de septiembre de 2017 Por
Mauricio Macri visita casas, sociedades de fomento y clubes del Conurbano. Las historias detrás de la entrega de materiales y equipamiento.
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Mauricio Macri en el gimnasio que reciclaron en el partido de San Martín. Lo acompañó Vidal.

Los primeros en llegar fueron los perros antibombas. El barrio se sobresaltó, aunque no todos: “Debe ser un allanamiento por droga”, dijo al pasar un vecino. Pero en seguida vieron que los policías de la Federal no se movían ni apurados ni nerviosos y que pedían permiso para ingresar a un club apadrinado por una sociedad de fomento. Un rato después aparecieron efectivos vestidos de traje. Se pararon en la puerta y en la vereda y con un gesto hicieron señas de que el trabajo estaba hecho: entonces el que bajó de una camioneta blindada, en el barrio Lanzone de José León Suárez, en el partido de San Martín, fue el presidente de la Nación.

-Yo soy boxeador. Lo único que puedo hacer para ayudar a los pibes a salir de la droga es entrenarlos. Pero no tengo nada- le había dicho Luis Verón, semanas antes, a un grupo de referentes sociales del macrismo.

-Tranquilo, te vamos a ayudar- le respondieron.

Ahora el boxeador estaba cara a cara con Mauricio Macri. El gimnasio lucía recién terminado. Le habían hecho el piso, le habían armado un ring profesional y lo habían equipado para que 150 jóvenes puedan entrenarse todos los días. Llegaron desde guantes y bolsas hasta vendas. “A mí me gusta el boxeo”, los sorprendió Macri, mientras ensayaba posturas de combate. Chyntia, la mujer que acompaña a Verón en la tarea del club, no se acercó en ningún momento. “Ella es re kirchnerista. Era de La Cámpora”, contaba uno de los chicos.

La movida en José León Suárez formó parte de los timbreos invisibles que Macri hace cada tanto en algún sector vulnerable de la sociedad, especialmente en el Conurbano, donde su imagen siempre recoge números por debajo de la media nacional. Son los timbreos que con frecuencia generan burlas en la oposición y la crítica de los periodistas -que nunca saben dónde ni cuándo exactamente se hacen: sólo reciben las fotos, y no siempre, cuando los encuentros terminan-, pero que según el decálogo del estratega Jaime Durán Barba funcionan para generar cercanía entre el líder y los sectores más esquivos o prejuiciosos.

Hace algunas semanas fue anfitrión de “El Halcón” de Varela, que se dedica a enseñar kick boxing en zonas muy pobres. “El Halcón” llegó a campeón después de recuperarse de su adicción al paco. A Macri lo atrapó su historia y quiso saber más: él mismo le contó que había terminado la secundaria a las 24 años y que con sus primeros ingresos se compró una bicicleta para salir a recorrer barrios tomados por la droga. “El Halcón” llegó al despacho presidencial hace 15 días junto a seis chicos de Florencio Varela. Comieron milanesas con papas fritas. El jefe de Estado les dedicó una hora de su agenda.

Cuando Macri pacta timbreos y no puede acudir suele reemplazarlo la primera dama. Juliana Awada estuvo hace muy poco en una villa de Moreno. Fue a ver a unas nenas que hacen gimnasia deportiva. Las chicas le transmitieron que soñaban con ir a las Olimpíadas. Y Juliana les hizo llegar colchonetas y equipamiento competitivo. Son fondos que salen del ministerio de Desarrollo Social que conduce Carolina Stanley. La ministra mantuvo desde su llegada los distintos planes creados por Néstor y Cristina Kirchner y sumó algunos propios. Aunque nadie lo dirá nunca, el programa “Acá estamos”, que comanda Pedro Robledo, apunta a desplazar a La Cámpora. Se concentra en la franja que va de los 15 a los 25 años.

En 2017 llevan hechas más de 1500 acciones (el 83% en el Conurbano): reciclaron salas de música, clubes y sociedades de fomento. Macri realizó visitas fuera de agenda a muchas de ellas para conversar con sus vecinos. Les entregaron desde cacerolas, útiles escolares, colchones y silbatos de árbitro hasta materiales para la construcción y toneladas de alimentos.

“¿Ustedes nos van a pedir algo a cambio?”, quiso saber Ugueta, un vecino de Villa Mosquito, La Matanza. Un amigo lo frenó: “Tranquilo, vos sabés que el voto es secreto”. Ugueta lleva a Evita tatuada en el brazo derecho.

Fuente Clarin

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