Los últimos minutos del "Pata" en libertad: nervios, el narguile y un abrazo con su mujer

Sociedad 27 de septiembre de 2017 Por
El gremialista le pidió a un ayudante que le armara lo que él llama: "la cachimba".
rJDHuIFs-_930x525
El momento de la detención de Medina. Al lado, su mujer. En la mesa, el narguile.

A las 23.10 de anoche, en el amplio living de su casa, en Villa del Plata, Ensenada, a 8 kilómetros de la capital provincial, Juan Pablo “Pata” Medina comprendió que sus días de diáfana comodidad a pocos metros del Río de la Plata serían pasado. Doscientos efectivos de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura tenían rodeada su vivienda antes de la entrega final por orden judicial de Luis Armella.

Su abogado Víctor Hortel intentó negociar algunas condiciones. Medina abandonó el mascado nervioso de chiclets para otro consumo que, dicen sus colaboradores, lo tranquiliza y “le permite pensar”. “Armame la cachimba”, le dijo el “Pata” a uno de sus asistentes mientras recibía en mano la orden de detención. La “cachimba” es narguile o hookah, que es la manera de fumar tabaco en estas especies de pipas de agua que se ven en las películas y series turcas. Apenas un rato después, el sindicalista sintió el desequilibrio que producen los picos de presión. Fue revisado. Un susto sin consecuencias. La novedad de la detención de su hijo Cristian y su cuñado David García, había afectado su ánimo. Su imagen de salida, esposado y en medio de una formación de la PF hubiera representado la “humillación” completa de su imagen, en los últimos tiempos aumentada a escala de poder sin freno.

Por eso, le concedieron salir por la calle trasera de su vivienda. Se lo llevó la Prefectura, previo a su traslado al penal federal de Ezeiza, donde permanecerá preso por los delitos de extorsión, lavado de dinero y asociación ilícita. Su esposa Fabiola García, una ex agente de la Policía provincial, lo despidió con un largo abrazo en el parque. El “Pata” ignoraba, en ese momento, que la mujer también quedaría detenida por cargos como “intimidación pública” y otras lindezas del Código Penal. Recién en marcha hasta los tribunales de Quilmes, a la mañana, Medina fue enterado de la noticia.

Permaneció alojado en la División Investigaciones Penal Administrativa de la Prefectura Naval Argentina (DIPA), en la avenida Ramón Castillo, detrás del Retiro, en capital federal.

Su descanso nocturno no fue el mejor. Según explicaron a Clarín cercanos a la custodia federal, pidió cigarrillos, intentó alguna conversación informal con el personal referido al operativo que movilizó 400 efectivos en La Plata y como al soslayo de la vigilancia comentó en voz baja: “Estaba tan cerca que podía tocarlos”, se ufanó. En efecto, el perseguido de la Justicia, transitó en un par de autos por la zona. Permaneció una hora cerca del barrio “El Mercadito”, en Tolosa, y después rumbeó para Ensenada para el acto más penoso de su vida.

Fuente Clarin